La clave en la eficacia de un equipo de sobrealimentación estriba en la densidad del aire de carga del motor, dependiente a su vez, de la presión y temperatura de entrada en los cilindros.
El turbocompresor se encarga, mediante un tarado específico, de que la presión de soplado sea la correcta pero, desafortunadamente, al comprimir el aire de admisión éste se calienta y pierde densidad por lo que es necesario enfriarlo antes de introducirlo en el motor.

Esta tarea está encomendada al intercooler, bien sea aire-agua o aire-aire como en el caso de los motores SUBARU. Su eficacia será tanto mayor cuanto más caudal de aire consiga enfriar y a menor temperatura con la mínima pérdida de presión en su interior (para no estropear el trabajo hecho anteriormente por el compresor). Esto sólo se consigue recurriendo a materiales de excelente conductividad térmica, paneles de gran superficie y a diseños internos extremadamente afinados y testados en bancos de flujos.




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